Lo llamaban periodismo

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Hoy nada parece real. Un día más me levanto de mi catre en este cuchitril que ahora es mi casa. Aún recuerdo cuando solía poner las noticias mientras tomaba un gran tazón de café con una tostada de pan francés. Ahora, cualquier fuente de información a la que tengo acceso no es más que una burda colección de eslóganes nacionalistas, propaganda barata que, para mi desesperación, cala entre la gente.

Ayer mismo, pasando por el mercado de alimentos, varios jóvenes estaban discutiendo sobre la última hora: parece que una guerra mundial ha estallado y el Reino Unido es unos de los pocos países que no están implicados. Parecían felices de vivir aquí…

Según los noticiarios, La Unión Europea ha invadido el norte de África y se dispone a avanzar hacia Oriente Medio en busca del poco petróleo que queda. Por supuesto, los Estados Unidos no están dispuestos a permitirlo y han abandonado la OTAN para declarar la guerra a la Coalición Militar Europea. Los rusos, que siempre han tenido intereses en esa  zona, han formado un tercer y terrorífico frente, pues a pesar de su diezmada riqueza y su empobrecida población tras la formación de la Nueva Unión Soviética, han conseguido que sus soflamas patrióticas inviten a gran parte de sus jóvenes a alistarse en un precario pero numerosísimo ejército. La historia se repite.

Pero claro, esto es lo que nos venden desde los canales controlados por la UKCAF. No hay manera de saber si es cierto, o sólo intenta convencer a la población de que el Reino Unido es la única tierra próspera y en paz. No sé por qué me viene a la mente George Orwell, incluso Alan Moore… antes de que todo esto ocurriera, sus obras eran distópicas, ahora…
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En fin, en estos momentos podemos hablar de rutina: vivimos en una autarquía donde si haces lo que tienes que hacer y no llamas la atención puedes pasar tu vida sin pena ni gloria. De algo hay que vivir y durante estos últimos años lo he conseguido como buenamente podía, ya fuese fregando platos, sirviendo cervezas o trabajando en el campo. Así he podido alimentarme.

Sin embargo intentar rellenar ese otro vacío, el que deja la ausencia de verdad, es el que realmente me hace tirar para adelante. Sigo haciendo mi trabajo de investigación en la clandestinidad, pero ha llegado el momento de pasar al siguiente nivel. Si quiero saber más, más cerca tengo que estar del poder.

Y así, usando mi tapadera de trabajador impoluto y de periodista pre-UKCAF hace ya una semana que conseguí un trabajo como periodista. O algo parecido. Toda mi vida dedicada a este oficio, y mira para lo que he quedado… pero es la única forma de acceder a ciertas personas sin levantar sospechas. Ahora trabajo para el UKNC -United Kingdom News Center-, el mismo organismo que intenta hacerme tragar su pútrida papilla cada mañana, tarde y noche. Y hoy, 4 de marzo de 2021 a las 9 de la mañana, tengo mi primer encargo: entrevistar al jefe de policía del distrito de Chelsea, Jack Harrelson. Es un hombre severo, conocido por su dura represión de las primeras revueltas obreras después del colapso. Mi única esperanza es poder recopilar algo más de información para poder publicarla cuando todo este infierno acabe, si es que eso llega algún día.

Tras pasar varios controles de seguridad y tener que desnudarme a la entrada de la comisaría, estoy sentado frente a frente con este auténtico ogro de casi dos metros, con espeso bigote y mentón prominente.
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—Encantado de poder hablar con usted, Sr. Harrelson. Me gustaría que me diera su opinión sobre las terribles noticias que llegan desde Europa, ¿Qué opina de la guerra?
Parker, supongo que sabrá que no me está permitido emitir mi opinión sobre cuestiones que no atañan a mi función como jefe de policía. Tenía entendido que la entrevista versaría sobre las medidas del gobierno para reducir la criminalidad. Por favor, siga por ahí o esta entrevista no será demasiado larga.

—De acuerdo, disculpe, volvamos a empezar. ¿Podría decirme cómo está afectando a la vida de los ciudadanos la aplicación de la nueva directiva que establece la total prohibición de la exhibición de simbología o consignas políticas?
Los ciudadanos deben estar contentos, ahora mismo, es difícil que surja una pelea por motivos políticos. En cualquier caso, la política demostró en el pasado ser ineficiente e inefectiva y sólo una causa de pesar y enfrentamiento.

—¿Y la restricción del derecho de manifestación y reunión?
Yo no lo llamaría restricción, sino eliminación. Parece obvio que ha ahorrado problemas a los ciudadanos. En ausencia de manifestaciones, todo el mundo puede seguir con su vida sin miedo de cruzarse con una marabunta de jóvenes desarrapados gritando consignas absurdas. Además, ¿para qué quieren reunirse para arreglar el mundo? Para eso ya tenemos a nuestro gobierno, formado por gente preparada para ello.

—¿Ha notado un descenso de la criminalidad después de la reforma legal que restituyó la pena de muerte?
Hemos notado un descenso de todos los crímenes violentos y políticos, sin duda. Se puede ver como la única gente que actualmente llega a nuestros calabozos son deshechos sociales, gente de la que nuestro país puede prescindir. La gente de bien sigue haciendo su vida con normalidad y sin miedo.

—¿Pero no cree que puede ser difícil para algunas personas acatar todas estas medidas? ¿Cree que tiene el respaldo de la sociedad británica?
¿Qué es usted, comunista? No siga por ahí, por favor, no quisiera tener que empezar a mirarle con otros ojos. A quién le importa, este país funciona y todo aquel al que no le guste puede marcharse o acostumbrarse.

—Pero la salida del país está muy restringida, de hecho, es prácticamente imposible, ¿no estarán ustedes reteniendo a ciudadanos británicos en una sociedad de la que querrían escapar?
Esta entrevista ha terminado. No me gusta su tono. Será mejor que se marche antes de que le detenga por traición. Por supuesto, la grabadora se quedará aquí.
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Un escalofrío recorre mi cuerpo de pies a cabeza cuando salgo de la comisaría. —Eres imbécil— me digo, —no podrías haberte ceñido al guión que te dio tu jefe…— pero ese guión hace horas que está en una papelera, a cuatro bloques de aquí.

Pero no esperaba más. Mi profesión se ha apoderado de mí, no he podido evitarlo. Si tengo que hacer una entrevista, seré yo quien prepare las preguntas. Ahora, no tengo mi grabadora y probablemente en unas horas tampoco tenga mi trabajo. Es más, si ese maldito Harrelson decide denunciarme, probablemente de con mis huesos en la cárcel y no creo que tenga la suerte que tuvo Larry.

Ahora, solo me queda transcribir lo poco que he podido sacar de la entrevista y unirlo al resto de mis documentos en el escondite. Quizá, cuanto todo esto acabe, alguien los encuentre. Quizá, cuando llegue a casa, un uniformado me estará esperando…

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